UNA VEZ CUANDO NOS CONOCIMOS

 

Son ilimitadas las posibilidades para que nosotros pudiéramos compartir el mismo mundo, infinitos mundos. En cada uno de ellos estamos destinados a vernos, de una u otra manera siempre juntos pues la existencia del uno es inherente a la del otro.

El mismo deseo que nos embarga en esta posibilidad que experimentamos, nos sucede en todas aquellas que ignoramos, de la misma manera y con la misma intensidad. Aquí el relato relevado de uno de estos mundos.

 

En este mundo aún estoy en el colegio, mi personalidad es relativamente igual a la de mi juventud en esta realidad, mi manera de ver el mundo es muy similar a la manera en la que veo al mundo en esta realidad; la diferencia es que aquí pude conocerte muy pronto.

¡Qué afortunado soy en este mundo!; algo de envidia si se despierta en mi corazón. Te explicaré cómo es todo aquí.

Estoy en grado 10 del colegio, soy divertido con mis comentarios, bastante distraído con lo que no me interesa mucho, pero siempre responsable y en procura de cumplir con los deberes relacionados al colegio y en la casa, soy normal ante los ojos de las personas y buen amigo, pero dentro de mí crece el deseo de vivir realmente feliz, falta un pedacito de mi para estar realmente completo.

Luego de llevar poco menos de medio año de curso en el colegio, sucede algo muy poco usual pero relativamente normal, llega una compañera nueva a la clase, esta se nos unirá al grupo y se nos pide ser amables con ella ayudándole a ponerse al corriente de las actividades desarrolladas y las pendientes en todos los cursos.

No me importa en absoluto el discurso al respecto de ayudar, me importa ella, se ve tan bien en el uniforme de su anterior colegio; es hermosa, parece un poco tímida pero en su mirada hay una inequívoca seguridad y decisión. Tiene una hermosa piel morena y un abundante cabello que le cae hasta un poco más debajo de la cintura.

Sigo el recorrido de su cabello que baja por la mitad de su rostro donde se dibuja una sonrisa forzada y ojitos perdidos que contemplan los tontos que le serán compañeros de curso; continúo el camino de su cabello negro, que en cascada desciende por sus hombros y baja a su pecho, logro notar en el recorrido un escote parcial que me gustaría descubrir abundantemente, imagino que no tiene ropa y solo me impide su cabello ver sus jóvenes y delicados senos.

 

Impaciente mis ojos continúan viendo su cintura, imaginando que no hay ropa que impida recorrerla y noto su ombligo, veo como mis labios lo acarician y además veo también su vientre dispuesto a mí, es inevitable seguir el camino en su piel, pero al intentar ver más allá, termina el discurso de la profesora y le manda sentarse a su puesto. Me siento extasiado y excitado con solo verla de pie frente a mí, pude verla desnuda sin conocerla, estoy seguro del sentimiento de haberla conocido antes, pero eso no importa, en mi mente queda el deseo de conocerla ahora y comprobar su desnudez para saborear su piel.

 

Delicadamente pongo mi mano sobre el pantalón para intentar que no se descubra lo que causó este primer encuentro con la hermosa chica nueva,

*susurro* – Nunca me había pasado algo así –

Me lo digo mientras trato de calmar mis pensamientos.

Pasado un poco el éxtasis y ya sin evidencia física de lo que provocó en mí; aprovecho para tomar la iniciativa de acercármele con el propósito de ofrecerle mi ayuda en nivelarse académicamente con el grupo; accede a llevar algunos de mis apuntes a casa y luego de esto no sé qué más decirle, solamente le sonrío temerosamente esperando verme lo suficientemente guapo para que no le importe mi estupidez evidente ante su sonrisa de agradecimiento; solo me queda quitarle la mirada de encima y atender a la aburrida clase del día.

Termina la jornada y no pude hablar más con ella en todo el día, solo hubo algunas (realmente muchas), miradas de mi parte y poco atención a las clases, solo sé que tiene mis cuadernos y que debo practicar alguna conversación para cuando me los regrese y no quedarme en blanco evitando así verme como un estúpido.

Todo el día he repasado el mismo recorrido que mi mente me proporcionó cuando la vi en la mañana, es inevitable desear esa hermosa morena.

Apago las luces de mi cuarto pero ella aún brilla en mi pensamiento, continúo excitado por las locuras de mi cabeza y solo puedo al desprenderme de mi pantalón y tocarme con ella en mente, dormir, deseando mis dedos su cuerpo.

Al día siguiente en llego antes que muchos al salón de clases y estando sentado en mi puesto habitual, me quedo atento a la puerta esperando verla pasearse por el aula, quedo embobado al pensar en su sonrisa e imaginar cuáles serán sus palabras al momento que me regrese los apuntes que le entregué.Tan tonto me quedo, que cuando regreso a la realidad, el profesos está frente a todos dictando su clase y el salón completamente lleno, mi sorpresa no es tan grande como para evitarme buscarla para si quiera contemplarla de lejos, pero no está en el salón,

*casi sollozo* –  ¡Qué mal inicio de clases! –  

Con una actitud muy pesimista, decepcionado mastico ese pensamiento mientras recargo mi cabeza en la silla.

No está por ninguna parte, ya va casi media jornada de clases y no aparece, ¡qué mal día está siendo!, solo puedo pensarla y no logro concentrarme en nada más que ella, así vivo todo el día.

Al sonar el timbre y sin mucho ánimo, tomo mis cosas para ir a casa a seguir lamentando su ausencia, pero mi mundo se alegra cuando a la puerta del colegio, está ella en su ropa de calle

*nervioso*   –tiene un vestido azul de putitos blancos –

El viento en su contra se inclina a tentarme con la intención aparente de permitirme ver un poco más arriba su muslo, la deseo mucho; el viento lo sabe y es mi cómplice.

Me descubre viéndola a la distancia, se sonríe mientras se acerca con mis cuadernos en sus manos

*tiernamente* – gracias, perno no entiendo tu letra –

Se sonríe y agacha su mirada

*jocoso* – es una estrategia que siempre da resultados –

 Le respondo como acto reflejo a su afirmación para luego darme cuenta de esa respuesta estúpida, no puedo pensar al tenerla al lado,           

*decididamente* – gracias por prestármelos, pero debo devolvértelos –

Pretende irse luego de dármelos en las manos, valientemente me ofrezco a traducir mis jeroglíficos en la tarde si le es posible; no me importó la tarea de matemáticas para el día siguiente, mi tarde se la dispuse a ella

*resueltamente* – claro –

Simplemente me quedo pálido, sangre helada pero un horno en mi rostro.

No me puedo permitir me vea nervioso, así que escuetamente le sonrío y acordamos vernos a las 3:00pm en el colegio para darle tiempo de regresar a casa por su mochila.

Presuroso llego a casa, no almuerzo nada, estoy nervioso y al mismo tiempo emocionado de que en solo me tomó 2 días para que se fuera conmigo, ya podría conocerla más y quizá persuadirla de que yo debía gustarle,

*sonriente* – qué pensamientos tengo –

Aviso pues que en la tarde viene una compañera de clase para hacer unas tareas y mi abuela dice que saldrá al centro por toda la tarde, así que luego de algunas indicaciones, es evidente que estaré completamente solo y la única compañía, será la morena hermosa que deseo y acabo de conocer, ¡que locuras planea mi cabeza!

Uso la ropa menos fea que tengo y muy puntal estoy 5 minutos antes de lo acordado en el colegio, siendo ya las 3:00pm la veo a lo lejos caminar con su vestido azul de puntitos blancos que, como un Déjà Vú|, se pelea con el viento al igual que su cabello enroscado y negro que la cubría elegantemente el día que por primera vez la vi.  

Un saludo sin siquiera besito en la mejilla y caminamos en silencio a mi casa, los temas de conversación eran evidentes para tratar, pero parecía que ninguno de los dos se atrevía a equivocarse en lo que se habría de decir.

Abro la puerta y nos sentamos en la sala, ella busca saludar a quien pudiera estar cerca, al notarlo le hago saber que no hay nadie en casa, hago una broma de que nadie nos molestará y nos disponemos a nuestra tarea, solo sonríe.

Nos sentamos a la mesa y le dicto lentamente los garabatos de mi cuaderno y llegado al punto de hacer algunos cuadros e imágenes, me quedo en silencio permitiéndole que los dibuje.

Mi mente se aprovecha de las circunstancias para fantasear con desnudarla en el instante y apretar con mis labios sus senos, sueño con pasar mis manos por todos sus rincones y no parar de estrujar mi cuerpo contra el suyo, es inevitable excitarme y ella nota mi avasalladora mirada

*sonriente* – hace calor–

*apresurado* – ¿Un poco de agua? – 

Le ofrezco instintivamente mientras aún mi mente trataba de caer en la realidad, sin pensar mucho en todo, y luego de que aceptara moviendo su cabeza, me pongo de pie para ir a la cocina. De regreso con el vaso de agua y luego de sentarme nuevamente descubro que todo esto lo hago sin recordar la erección que me produjo mi mente libidinosa, ahora entiendo por qué esa mirada un tanto sorprendida por parte de ella, me da un poco de vergüenza y le pido disculpas       *cándida* –¿Por qué? –

Parece no entender a la razón de excusarme; más avergonzado aún me sentía sin saber que responder, estando con ella hablo sin pensar las cosas, no es algo que me pase nunca pero a su lado es algo constante.

Me quedo sin palabras y veo una sonrisa de su parte, luego dirige su mirada nuevamente al cuaderno, pasado un instante

*malicia* – me gusta tu pantalón –

Me mira a los ojos mientras de su mano cae el lápiz al cuaderno,

*seriedad* – a ver ponte de pie –

No sé qué hacer, mi erección aún no bajaba, al contrario se fortalecía por imaginar que ella lo notó cuando le traje el agua.

Decidido me levanto y por encima de mi ropa se hace evidente mi excitación, me resulta inevitable estando en su presencia

Mira atenta más debajo del cinturón y volviendo la mirada a mí avanza su mano hasta el cierre del pantalón y presiona con decisión.

Es apenas por sobre el pantalón pero la sensación, aunque extraña, resulta placentera.

Los dos estamos en silencio pero no es necesario hablar para saber qué es lo siguiente que habrá de suceder.

Comienza a acariciarme vigorosamente de arriba abajo con su palma abierta, mi mano sobre su cabello le acaricia y desciende a sus mejillas y labios; su mirada me muestra que no soy el único que está excitado, los dos deseamos lo que está pasando y ninguno está dispuesto a evitarlo.

Me permito el atrevimiento de descender bruscamente mi mano hasta sus senos y los acaricio por sobre su vestido, que bien se siente, nunca antes lo había hecho y me encanta cada sensación. Intento ponerla de pie pues quiero besar su rostro competo y morder sus labios tan apetitosos, pero ella es quien manda y no permite que esto lo haga, lo que hace es aún más atrevido pues, me quita el cinturón, desabrocha el pantalón, baja el cierre y sin darme cuenta, solo mi bóxer evita el contacto directo de sus manos y mi pene erecto.

Alza su mirada para que con su rostro ruborizado, pida sin articular palabra alguna, autorización para quitarme lo que queda de ropa; con mis pulsaciones altas y nervios y ganas, le permito desnudar mi cuerpo con un pequeño gesto de aprobación.

Baja mi bóxer y mi pene da un salto a sus labios, su mano derecha lo toma con firmeza. Lo besa mientras la punta de su lengua comienza a humedecerlo, ahora es su boca abierta que le permite entrar y con placer indescriptible cierro mis ojos mientras quito mi camisa y me permito disfrutar de la sensación exquisita de su legua en mi pene

Además de sus labios y el movimiento de su mano que acaricia mis testículos y juega a masturbarme.

Aunque disfruto lo que pasa quiero también probar su cuerpo, así que sin pedir permiso alguno me arrodillo y comienzo a besarla mientras mis manos con conciencia propia, se comen sus senos, apretándolos y estrujándolos, sintiendo como se erecta sus pezones y escuchando su respiración acelerada.

Paro de besarla para mirar sus ojos mientras mi mano derecha sube desde su rodilla y atraviesa su vestido que ahora es cortina que cubre lo que sucede entre sus piernas, es mi mano que llega a su húmeda vagina y le acaricia para complacerla, sus ojos lo dicen todo, desea que la penetre y la consuma, está muy mojada y mis labios muy secos, es su deber humedecerlos.

No quiero que sean sus besos quien lo consiga; el mismo recorrido de mi mano lo aprenden mis labios y suben besándola.

Su vestido cubre mi cabeza y con mis ojos cerrados, mi lengua dibuja su húmeda y tibia vagina,  comienzo a lamerla y sus gemidos hacen que mi pene esté aún más duro, el deseo de penetrarla aumenta pero no quiero parar henchirme con su vagina deliciosa.

Se siente bien estar mojado de su sexo, que placer su vagina en mi cara y mis labios lo disfrutan aún más.

En un momento ella se pone de pie y se quita el vestido, yo me levanto también y la dirijo hasta mi cuarto, es momento de penetrarla.

Recostada en mi cama y sin quitarme la mirada, abre sus piernas para permitirme entrar, yo acerco mi pene a su boca para que esté más húmedo y sea fácil unirme a su cuerpo, ella accede a seguir jugando con sus labios y sin perder tiempo mis dedos relatan para mí cuán caliente y húmeda se encuentra.

Ambos estamos listos para ser uno.

Dispongo mi cuerpo a entrar al suyo, estoy sobre ella. Toma mi pene y lo dirige presurosa a su vagina, asegurándose de que esté bien dirigido me hace saber con su rostro que está lista para sentirme dentro suyo, muevo lentamente mi pelvis hacia adelante para que mi pene avance con cuidado

*agitada/susurro*  –Mételo todo –

Avanzo con un algo de prisa, así mi pene se abre paso hasta que nuestras pubis se besan. Que sensación tan placentera es notar mi pene abrazado por su vagina, que belleza su cara al penetrarla, me siento muy excitado y es evidente en mi erección, mi pene está muy duro y ella lo disfruta.

Comienzo a mover mi cuerpo para lograr escuchar sus gemidos de placer, no puedo ir despacio y ella tampoco quiere que lo haga, la penetro repetidamente y nos besamos desmedidamente, aprieto sus senos, muerdo su cuello, respiro en su oído, sin parar de atacar su humedad con la firmeza de mi hombría.

Sus orgásmicos cantos son más altos y continuos, no puedo evitar sentir el placer suficiente y eyaculo abundantemente dentro.

Me detengo luego de algunos movimientos lentos sobre ella, caigo sobre su cuerpo, y ambos estamos sudados y fatigados, hay placer en nuestras miradas, somos uno y así será para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. Una eternidad que día tras día debe procurarse. Y el primer paso que permite encontrarla es encontrarse, amarse, escucharce.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario