Un viaje de regreso que como en toda empresa de tamaña envergadura,
produce en quienes se quedan a ver andar el tren y batir en despedidas animosas las manos;
produce el dolor materializado en lágrimas que anudando la garganta ahogan el grito de adiós.
Los que se quedan, se quedan esperando el tren que les conducirá al sitio en donde se encontrarán sonrientes con quien y quienes en su día despidieron.
Y estos que parten, le desean en su parada final, paz y tranquilidad a los que despiden, pues en minutos, sus trenes los conducirán al reencuentro.
Para los que lloran hoy, quienes con dolor baten las manos, alégrense pues quien ha partido decidió tomar el tren y próximo a llegar a su destino de paz y conocimiento les desea con cariño el sosiego.
Para el cielo que me ve
Para la oscuridad que me teme
Para la tierra que me planta
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